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Madrid está en una buena racha. Nunca una ciudad que deje crecer la
grama bajo sus pies, la capital de España está experimentando cambios
sin precedentes gracias a los esfuerzos del Alcalde visionario Alberto
Ruiz-Gallardón, un hombre comparado por algunos, con un faraón. En 2005
el Alcalde lanzó el programa de 7 años de la ciudad para transformar la
capital en un centro cosmopolita de clase mundial, con mejoras del metro
y del ferrocarril y la expansión de nuevos barrios o distritos,
especialmente en el norte de la ciudad donde ya opera el metro ligero.
Aunque la finalización de todas las obras se había hecho coincidir
originalmente con la esperada nominación de Madrid como sede de los
Juegos Olímpicos de 2012, la incredulidad de la ciudad al ser derrotada
por Londres en el honor fue rápidamente olvidada. De hecho, muchos
programas de obras fueron adelantados para coincidir con las elecciones
municipales de 2007.
Dos
nuevas terminales del aeropuerto de Barajas fueron inauguradas en
Febrero de 2006, llevando a más del doble el tráfico internacional de la
ciudad y haciendo del aeropuerto uno de los tres más activos de Europa,
mientras que la estación de ferrocarril Chamartín ha sido totalmente
reconstruida para unirse con una remozada estación de Metro y una nueva
terminal de autobuses. Cada uno de los 4 rascacielos (algunos de ellos
aún en construcción) Torres Repsol, Espacio, Sacyr y Cristal, rebasará a
la Torre Picasso en el Centro de Negocios AZCA como el edificio más alto
de la ciudad; al mismo tiempo, accesos peatonales y del metro han sido
mejorados y muchas calles y avenidas ampliadas, todo con la finalidad de
mejorar el acceso a la ciudad.
La
mezcla cultural de los más de 5 millones de habitantes está cambiando
también de manera radical con un flujo de inmigrantes de países de
América del Sur y Europa del Este. Muchos de ellos son ecuatorianos
abriendo cafés, tiendas (especialmente panaderías) y locutorios (centros
de llamada de larga distancia). Mientras tanto, los rusos, rumanos y
checos, que se ocupan en campos prácticos como la plomería y carpintería,
han mostrado gran versatilidad tanto en sus trabajos como en el
aprendizaje del Español. Todo ha sido un cambio de gran magnitud para la
homogénea Madrid, cuyos residentes extranjeros totalizaban apenas un 1%
de la población hace unos pocos años atrás.
Los
cambios de tinte ecológico también abundan. Madrid es ahora oficialmente
una de las ciudades más ecológicas de Europa, con áreas verdes
aumentando cada año gracias a un Ayuntamiento orientado a la
conservación. El Retiro, con sus flores, fuentes, el lago artificial y
sus botes, el parque Casa del Campo, con sus bosquecillos y aves,
constituyen los pulmones de la ciudad, ayudados por el flujo regular del
aire puro de montaña de las Guadarramas (a 97 km). Los planes de mejoras
de Alberto Ruiz-Gallardón también contemplan la plantación de cientos de
miles de árboles en las nuevas áreas verdes. Su desarrollo del río
Manzanares es particularmente ambicioso, con ambos el río y la autovía
M-30 corriendo de manera subterránea mientras la superficie es
convertida en un parque peatonal que conecta con la Casa del Campo. (En
el año 2006, el Alcalde, en medio de su cruzada, lanzó una batalla
contra la “polución ligera” anunciando una futura prohibición a
prácticamente todas las luces de neón en el centro de la ciudad para que
los madrileños puedan ver las estrellas en las noches despejadas).
En
esencia, la capital no ha cambiado del todo: siempre ha sido una
asombrosa mezcla de tradición y dinamismo. En su corazón se halla la
gloria del Madrid de las Austrias, la Plaza Mayor, y el Palacio Real,
aún exudando la atmósfera de siglos de existencia y rodeados por
distritos regenerados como Chueca, Malasaña y Lavapiés; este último
epítome de la nueva étnicamente variada Madrid. Las fiestas de San
Isidro y la Virgen de la Almúdena son celebradas con color y vigor.
Opciones culturales, gastronómicas y de shopping son abundantes y
significativamente variadas. Asimismo, el estilo de vida sin stops
continua prosperando, con sus más de 18,000 bares abriendo desde las
5.30 am y cerrando tarde en la noche, o cerrando nunca si se toma en
cuenta aquellos bares que duran abiertos hasta altas horas de la
madrugada. A esto se agrega el tráfico automotriz de fin de semana y los
autobuses nocturnos bloqueando las vías de la ciudad, mientras la ola de
fiesteros se mueve a, desde y entre sus spots favoritos de juerga. |